ueblo Hebreo
Desde la época en que gobernaban los patriarcas el adulterio se ha considerado una conducta deleznable e inaceptable para la vida en sociedad e incluso es condenada para la mas alta deidad de nuestra raza humana, el mismo ser supremo llamado Dios, Jehová o Yahvé según la idiosincrasia y credo de cada uno de los habitantes de Israel, ha condicionado esta conducta estipulándola en uno de los primeros códigos que regularon la conducta del hombre en sociedad, la Biblia, precisamente en los diez mandamientos dictándolo por su propia voz a Moisés en el Monte Sinaí.
En este documento Dios dejó asentado en el libro del Éxodo capitulo veinte versículo catorce, que a la letra dice: "No cometerás Adulterio", dejando en claro que esta conducta es intolerable para él, recalcándolo en el versículo diecisiete que reza: "…no codiciaras la mujer de tu prójimo….", asentando que tal vez como lo vemos en nuestra época son los congéneres del sexo masculino quienes cometen esta falta más frecuentemente, aunque no siempre suele ser de esa manera ya que también las mujeres caen en esta conducta aunque en menos ocasiones. La forma en que se castigaba era de una manera tal que pondría a pensar dos veces a alguien que en estos días deseara realizar una conducta adulterina.
Los castigos y penitencias iba desde la expulsión de las comunidades hasta la pena máxima que era la de morir apedreado (o apedreada), además del escarnio público, es en la Biblia donde podemos encontrar un relato que nos ilustra esta situación, en el cual Jesucristo es quien absuelve a una mujer de este pecado además de defenderla de la muchedumbre diciendo "…quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra…[1]” Este pasaje nos ilustra como era condenado el adulterio en esa época y la forma de ser castigado que era además un castigo aplicado por la comunidad y en público.
Jesucristo mismo, trató el adulterio en sus enseñanzas afirmando que este era denigrante y que el divorcio era aceptable para él, en muchas ocasiones citó que si un hombre repudiaba a su mujer por causa de adulterio debería de darle carta de divorcio, además de entregarla a los jueces y sacerdotes para que ellos determinaran la forma en que debería ser castigada.
Es por ello, que los hebreos consideraban quien vive en adulterio debe saber que está ofendiendo a Dios, en principio esta mancillando el templo de el Espíritu Santo que es su propio cuerpo lo cual está asentado en el libro Corintios capítulo seis, de los versículos quince al veinte: además debe saber también que es un pecado deliberado “el adulterio” para quienes el autor de hebreos dentro del capítulo diez versículo treinta y uno dice terrible cosa es caer en manos del Dios vivo.
Estos antecedentes, son los que, debido a la conquista de los españoles y la imposición de sus creencias englobadas en el catolicismo se conocen como normas de conducta que nosotros seguimos por costumbre.
[1] San Juan. Cáp. 8 Ver. 2 – 11
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